El Perdón de Asís: Indulgencia Plenaria en la Porciúncula

Requisitos para obtener la Indulgencia Plenaria

Para obtener la indulgencia plenaria, un fiel debe cumplir las siguientes condiciones:

  1. Confesarse sacramentalmente
  2. Recibir la Comunión Eucarística
  3. Rezar el Padre Nuestro, el Ave María y el Gloria al Padre según las intenciones del Papa
  4. Rezar el Credo y el Padre Nuestro
  5. Visitar una iglesia u oratorio franciscano

Además, es necesario excluir todo apego al pecado, incluso al pecado venial.

La Historia del Perdón de Asís

Una noche del año 1216, San Francisco experimentó una fuerte tentación carnal. Para vencerla, se despojó de sus ropas y se arrojó sin dudarlo entre las zarzas que rodeaban su celda. Inmediatamente, las zarzas se transformaron en un maravilloso rosal sin espinas. Aparecieron dos Ángeles que lo condujeron a la capilla de Santa María de la Porciúncula, donde encontró esperándolo, sentados en tronos y rodeados de numerosos Ángeles en luz resplandeciente, a Cristo y a la Virgen María.

El Redentor le preguntó qué premio deseaba por su acto heroico. Respondió San Francisco: "Deseo la concesión de una indulgencia extraordinaria a cualquiera que, confesado, arrepentido y absuelto, entre en esta Capilla". Respondió el Señor: "Lo que pides, oh Francisco, es grande, pero eres digno de cosas mayores". La única condición, oh Francisco, es que lo solicites al Papa, mi vicario en la tierra.

Francisco, sin esperar y en un arrebato de alegría, se presentó ante el Papa, que en aquellos días residía en Perugia, y le relató los hechos tal como habían ocurrido. El Papa Honorio III escuchó con atención el relato y luego, con cierta vacilación determinada por la singular propuesta, preguntó a Francisco: "¿Cuántos años quieres que fije para la indulgencia?".

Respondió San Francisco: "Santo Padre, que sea del agrado de vuestra santidad concederme, no años, sino almas". Y el Papa respondió: "¿De qué manera quieres almas?".

Francisco replicó: "Santo Padre, quiero, si así place a vuestra Santidad, que cuantos vengan a esta iglesia confesados y arrepentidos y, como es debido, absueltos por un Sacerdote, sean liberados de la culpa y de la pena en el cielo y en la tierra, desde el día del bautismo hasta el día y la hora de su entrada en la iglesia".

El Papa respondió: "Mucho es lo que pides, oh Francisco; no es costumbre de la Curia romana conceder una indulgencia semejante".

Francisco replicó: "Señor, lo que pido no viene de mí, sino que lo pido de parte de aquel que me ha enviado, el Señor Jesucristo". Entonces el Papa, sin dudarlo, exclamó diciendo tres veces: "Ordeno que la tengas".

"Santo Padre, ¡me basta vuestra palabra! Si esta indulgencia es obra de Dios, Él se encargará de manifestar su obra; yo no necesito ningún documento, este documento debe ser la Santísima Virgen María, Cristo el notario y los Ángeles los testigos."

A punto de despedirse, el pontífice preguntó a Francisco -feliz por la concesión obtenida- adónde iba sin un documento que acreditara lo obtenido. "Santo Padre, respondió Francisco, ¡me basta vuestra palabra! Si esta indulgencia es obra de Dios, Él se encargará de manifestar su obra; yo no necesito ningún documento, este documento debe ser la Santísima Virgen María, Cristo el notario y los Ángeles los testigos".

El Pontífice autorizó a Francisco a convocar en la Porciúncula a siete obispos de Umbría, ante los cuales promulgar este privilegio extraordinario. Así surgió, para la Porciúncula, el momento de gloria, a causa del insigne privilegio de la Indulgencia plenaria toties quoties, que más tarde sería llamado "el Perdón de Asís".

Esta indulgencia será conocida y se difundirá ampliamente desde la segunda mitad del siglo XIII hasta hoy, creciendo en importancia cada día, con momentos en los que, como en el siglo XV, estalló por su fama y por la afluencia de multitudes de todas partes del mundo. Las multitudes alcanzaron su máxima afluencia en el siglo XV, cuando, para la solemnidad del Perdón (1 y 2 de agosto), acudieron a la Porciúncula más de 200.000 peregrinos. Entonces, los frailes menores, custodios del santuario, y los papas se dieron cuenta de que era necesario ampliar el espacio donde orar, confesar, comulgar y realizar cualquier otro acto de devoción.

Surgió así, por voluntad de San Pío V (1569), la gran Basílica de la Porciúncula, que en 1909 sería proclamada "patriarcal" con capilla papal y, en el mismo año, la iglesia, el convento y los territorios anexos serían declarados propiedad de la Santa Sede, con residencia estable de los Frailes Menores y con la sede del Ministro provincial de los mismos Frailes Menores de Umbría.

Cuándo es posible ganar la Indulgencia

Tal indulgencia es aplicable por sí mismo o por las almas del Purgatorio, por todos los fieles diariamente, una sola vez al día, durante todo el año en aquel santo lugar y, por una sola vez, desde el mediodía del 1 de agosto hasta la medianoche del día siguiente, o bien, con el consentimiento del Ordinario del lugar, en el domingo anterior o posterior (a partir del mediodía del sábado hasta la medianoche del domingo), visitando cualquier otra iglesia franciscana, basílica menor, iglesia catedral o parroquial.

Decreto sobre la Porciúncula de Juan Pablo II

Portiunculae sacra aedes: decreto.

El edificio sagrado de la Porciúncula, que ya el Papa Honorio III, por la oración de San Francisco, no sin la inspiración divina, enriqueció con aquel célebre Perdón de Asís; y donde el mismo espíritu de San Francisco, colmo de amor, tuvo felizmente sus últimos instantes (murió), por lo que se convirtió durante siglos en la iglesia madre de todos los religiosos franciscanos, por intercesión de la Beatísima Virgen Madre de Dios, excitó los ánimos de los fieles cristianos a un sentido de piedad y de la divina misericordia, tanto como para obtener en el ánimo de todos los fieles cristianos la humilde e indiscutible sensación de que allí, desde casi todas las partes del mundo, confluyeron y aún hoy, es más, con mayor frecuencia, afluyen, movidos por los mismos afectos.

Por lo cual los Sumos Pontífices, dispensadores de los celestiales carismas que les fueron confiados, siempre mostraron insignes motivos de largueza espiritual hacia la Porciúncula y manifestaron un amor particular, entre los cuales nos complace recordar el ejemplo de Pablo VI, de feliz memoria, que llamó a la Porciúncula un lugar para recibir la Indulgencia plenaria y de confirmada paz con Dios, y Juan Pablo II, ahora Pastor de la Iglesia por misericordia de Dios, proclamó la Porciúncula como una fuente de la original y admirable misión que Francisco y sus hijos difundieron ampliamente entre las gentes en el nombre de Cristo.

Convencidos justamente de cuanto el Ministro general de la Orden de los Frailes Menores nos ha expuesto en sus cartas oficiales, renovando reverentemente las oraciones de los cristianos que visitan desde cualquier lugar aquella sede, rezando de corazón un Pater y el Símbolo de la fe, en las condiciones habituales, es decir, la confesión sacramental, la comunión eucarística y una oración según las intenciones del Sumo Pontífice, concedemos para siempre la Indulgencia plenaria diaria; y la Penitenciaría, solícita en proveer a los cristianos la riqueza del sumo tesoro espiritual, con Autoridad Apostólica, por la cual complace voluntariamente las oraciones recibidas, con el presente decreto, confiando en que la Indulgencia los excite al perdón y los renueve en la reconciliación con Dios y a huir del pecado, al ejercicio generoso, al amor de filial obsequio y al amor hacia la Iglesia y así procuren las obras de justicia y obren la tranquilidad entre los hombres.

Roma, desde la sede de la Penitenciaría, 15 de julio de 1988.
Card. Luigi Dadaglio, Penitenciario Mayor
(Sacra Penitenciaría Apostólica, Prot. N. 47/88/1, Porziuncola, Prot. N. 146/1988: "Portiunculae sacra aedes").