Santa Clara de Asís

Vida, fe y fundación de las Clarisas

Clara de Asís fue una religiosa colaboradora de Francisco de Asís y fundadora de la orden de las monjas clarisas.

En 1255 fue canonizada por el Papa Alejandro IV.

En 1958, el Papa Pío XII la proclamó patrona universal de la televisión y de las telecomunicaciones.

La vida de Santa Clara

La huida de casa y el encuentro con Francisco

El domingo de Ramos, en la noche del 18 de marzo de 1212, la joven Clara de Offreduccio, acompañada por Pacífica de Guelfuccio, huyó por una puerta secundaria de la casa paterna, situada cerca de la catedral de Asís, San Rufino, y se dirigió en secreto a la Porciúncula. Allí la esperaban Francisco con sus primeros frailes, quienes la acogieron en su comunidad.

Francisco le cortó el cabello y le dio el tosco hábito de pobreza y penitencia, con una cuerda alrededor de la cintura y un velo sobre la cabeza rapada. Su deseo de seguir a Cristo al modo de Francisco se había cumplido: en aquella época Clara tenía dieciocho años.

Este era el epílogo de un camino ya iniciado. Clara y Francisco se habían encontrado periódicamente durante dos años; durante estos encuentros Clara era vigilada por Bona de Guelfuccio, mientras que Francisco era acompañado por el fray Felipe. Durante todo este tiempo, Clara recibió de Francisco una luminosa guía por los caminos del espíritu, y el resultado de aquellos encuentros fue su decisión de abrazar una vida según el Evangelio.

Clara persiguió con tenacidad su proyecto, incluso frente a cualquier intento de impedirle seguir una vida de absoluta pobreza. Por su fidelidad a las intenciones de Francisco, compartía sus ideales y, más aún, porque había sido llamada por Dios para seguirlos. Incluso un primo de Clara, Rufino, se había unido a la comunidad hacia 1210, convirtiéndose en uno de los compañeros más fieles de Francisco.

Clara sin duda estaba al tanto de la pública discusión que Francisco había tenido con su padre en presencia del obispo en 1206 y de su total cambio de vida, y estaba fascinada por ello.

La fundación de San Damián y las Clarisas

Sin embargo, después de ser acogida en la Orden, Clara estuvo hospedada por un breve período con las monjas benedictinas. Evidentemente esto ocurrió porque ella no podía permanecer en la Porciúncula y simplemente no había ningún otro lugar donde ponerla. Casi de inmediato se le unió su hermana Inés.

No pasó mucho tiempo antes de que Clara suplicara a Francisco que le permitiera dejar a las benedictinas y llevar una vida verdaderamente franciscana. Así, con el permiso del obispo, Francisco instaló a ella y a su hermana Inés en la capilla de San Damián, que él mismo había reconstruido y donde había escuchado la voz del Crucifijo en la primavera de 1206, que le mandaba: "Francisco, repara mi casa, que está cayendo en ruinas".

Celano describe los primeros días de Clara en San Damián de la siguiente manera: "A los pocos días, se dirigió a la iglesia de San Ángel de Panzo. Pero como su alma no estaba allí completamente en paz, por consejo del beato Francisco regresó finalmente a la iglesia de San Damián... En la prisión de aquel pequeño claustro, Clara se encerró por amor a su esposo celestial. Allí se ocultó del tumulto del mundo y encarceló su cuerpo mientras vivió".

No fue hasta 1215 cuando Francisco compuso una fórmula de vida especial para Clara y sus compañeras, que entonces habían aumentado a cinco. Durante esos tres años, siguieron la Regla de vida que Inocencio III había aprobado para los frailes en 1209.

Llamadas popularmente "Damianitas" y por Francisco "Pobres Damas", serían luego conocidas para siempre como "Clarisas". Clara prosiguió de manera inquebrantable en su fidelidad a los ideales y enseñanzas de San Francisco. Murió el 11 de agosto de 1253 y fue canonizada dos años después. De todos los seguidores de San Francisco, antes y después de ella, nadie amó y comprendió jamás a él y a su vocación evangélica como Clara, quien se llamaba a sí misma la "plantita del beatísimo padre Francisco".

El privilegio de la pobreza

Clara obtuvo de Inocencio III y de Gregorio IX el privilegio de la pobreza, según el cual se concedía a las hermanas vivir en total pobreza y que nadie pudiera obligarlas a aceptar bienes de ningún tipo. Las casas de las Pobres Clarisas estaban sin donaciones, y es esta pobreza absoluta el rasgo característico de la originalidad de su vida. Hasta ese momento nunca se había oído decir que un monastero pudiera vivir sin propiedades.

Santa Clara continuó viviendo en San Damián durante más de cuarenta años. Allí, inicialmente, Clara fue acompañada por su otra hermana Beatriz y por su madre Ortolana, y más tarde por otras mujeres y jóvenes, llegando pronto a ser unas cincuenta. Clara quiso dar vida a una familia de monjas de clausura pobres, inmersas en la oración por sí mismas y por los demás.

Los Milagros y la Patrona de la Televisión

El día de Navidad, en la misa celebrada por Francisco, no estaba Clara porque estaba en cama debido a su enfermedad. Al querer ella participar en la celebración de Navidad, se le habría aparecido una visión de la misma.

Los sarracenos estaban a las puertas de Asís y estaban asediando San Damián. Clara tomó el ostensorio y lo expuso en la ventana. Una luz cegadora asustó a los sarracenos, haciéndolos huir del convento y de Asís.

En 1958, el Papa Pío XII la proclamó patrona universal de la televisión y de las telecomunicaciones. Es honrada hoy como Santa Clara, la fundadora de las Clarisas, que viven una vida completamente claustral.