Santa Teresa de Lisieux (del Niño Jesús): la Pequeña Vía de la Infancia Espiritual

En Lisieux, Francia, Santa Teresa del Niño Jesús, virgen de la Orden de las Carmelitas Descalzas, que el treinta de septiembre se durmió en el Señor y es venerada en este día; la cual, viviendo desconocida y en el ocultamiento, por el camino de la humildad y la sencillez llegó a la perfección evangélica y con su doctrina espiritual iluminó admirablemente al mundo entero.

Martirologio Romano para su fiesta litúrgica del 1° de octubre

El descubrimiento de la Pequeña Vía

Santa Teresa de Lisieux es universalmente conocida como la Santa que enseñó al mundo la "Pequeña Vía de la infancia espiritual". Habló a menudo de la necesidad de "hacerse pequeños ante Dios" y de haber encontrado "un camino muy recto, muy corto, una pequeña vía completamente nueva" para ir al cielo.

Doctora de la Iglesia

Deseosa de que esta "pequeña vía" sea enseñada a los cristianos, Santa Teresa no teme rechazar decididamente la fe de los sabios y los inteligentes. Su camino para llegar al cielo es el camino de la sencillez, el camino de los mansos y de los puros de corazón. Los tratados complicados, donde la fe parece reservada a los teólogos y a unos pocos elegidos, no le interesan. Teresa no se cansa de repetir que la Buena Nueva es revelada a los pequeños y que la Palabra de Dios da sabiduría a los sencillos.

El camino de la sencillez y la humildad

Santa Teresa, en su pequeñez y humildad, es la madre y el modelo de todos los hijos de Dios. Vaciada de todo, se recibe a sí misma como don del Padre. Se siente una nada y en Dios se convierte en todo. Se deja fecundar por la gracia, deja actuar a Dios en ella, como una niña en las manos de su papá.

El abandono total a Dios

El gesto espiritual extremo indicado por Teresa es el abandono, el único camino que lleva inevitablemente a los brazos de Dios. Teresa no tiene otro deseo que esconderse entre los brazos de Dios, para dejarse acariciar por Él, para dejarse inundar por el océano de su Misericordia. El abandono es, en definitiva, el gesto de confianza más definitivo y auténtico, porque es la renuncia completa a la propia voluntad y es la sumisión total a la voluntad del Padre.

Los milagros y el "huracán de gloria"

Santa Teresa sacude a la Iglesia y al mundo como un "huracán de gloria" (Pío XI). Ya durante su vida hubo una increíble ola de milagros: (la célebre "lluvia de rosas") que persuadió al pueblo cristiano del hecho de que Dios acreditaba a aquella "pequeña santa" volviéndola gloriosa y poderosa. Asimismo, hubo también una ola de conversiones: hombres que se sintieron literalmente guiados de la mano por la suavidad de esta jovencita.

Todavía hoy el mundo entero se encuentra mimando a Teresa: se la define como la jovencita más amada de la tierra. Teresa a todos les grita que Jesús quiere perdonarnos, quiere sanarnos, quiere inundarnos de su amor, porque Él mismo necesita amor.

La sed de amor de Jesús

A Él vamos con el peso de nuestros pecados. Y Él se alegra de purificarnos. Él no se ensucia abrazándonos, mientras que su abrazo nos purifica: "He aquí todo lo que Jesús espera de nosotros: no necesita de nuestras obras, sino solo de nuestro amor. Tenía sed, pero al decir: Dame de beber, el Creador del universo pedía amor a su criatura. Tenía sed de amor".

Santidad: don de Dios, no esfuerzo humano

Teresa de Lisieux nos pone en contacto con su alma. Aguda contemplativa, rica en experiencia y en sabiduría, nos indica el itinerario más sencillo para alcanzar el fin de la vida: entrar en intimidad con Dios como un Padre misericordioso y tierno hacia quien, persuadido de su propia debilidad y de sus propias miserias, se vuelve a Él con ilimitada confianza.

Transmite su mensaje con un lenguaje sencillo y desarmante y nos grita que ser santos no es el resultado de un esfuerzo del hombre, sino un don de Dios.

La nostalgia de hacerse pequeños

Volviendo la mirada a Teresa nacerá en cada uno de nosotros la nostalgia de llegar a ser como aquellos pequeños a los cuales Cristo da en herencia el reino de los cielos. Se comprenderá cómo la vida es un bien que el ser humano recibe, sin ningún mérito. Un don y un medio para recibir y dar amor y así realizar la esencia del ser humano: "Necesidad de amar y de ser amado".

Hoy la Iglesia entera ama a esta espléndida Santa, una mujer, la Doctora de la Iglesia más joven de su historia bimilenaria. La enseñanza de Teresa puede y debe llegar a nosotros a través de su vida relatada bajo la luz de una relación de amor. No se puede sino quedar fascinados y sorprendidos al ver los prodigios de Dios sobre el alma de esta Santa, que tuvo el coraje de abandonarse a su Misericordia. "Si tu corazón te acusa de pecado, Dios es más grande que tu corazón".

Quien hace de su vida un intercambio de amor, experimenta la libertad y la felicidad; en cambio, quien se deja robar la inteligencia, el amor o la fe, renuncia a vivir y cae en esa soledad angustiante que experimentan también hoy tantos seres humanos. Situación que aún puede ser superada buscando un encuentro personal, una experiencia fuerte, una guía auténtica que nos introduzca a una vida digna de ser vivida para ese Dios del cual la pequeña Teresa nos habla con toda su vida, en la búsqueda continua e intensa de su Rostro.

Los pasos de este itinerario serán revelados en el recorrido propuesto a continuación, que intentará revelar la abundante sustancia de la espiritualidad de esta grandísima santa, para todos aquellos que deseen comenzar a embriagarse de su fragancia.

Una invitación especial a la oración

Si deseas alcanzar la alegría y adquirir las virtudes, escucha la invitación de Jesús: "Todo lo que pidan con fe en la oración, lo recibirán" (Mt 18,20). De hecho, sin la oración, no es posible ningún camino espiritual, ni se pueden seguir las Huellas de Jesús, nuestro Salvador.

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